
En este parque corri de niño tantas veces, mi abuelo me llevaba de la mano, impaciente corría a el carrito de la nieve del famoso calidra, de guanabana o limón.

Mil travesuras que mi abuelo con tanto amor soportó y alegre de verme correr y reir por todas partes, queriendo atrapar de un puñado todas las palomas del parque.

Aquí aprendí a orar, me refugié algunas veces de la lluvia y en esos días tristes, "el santisimo" escuchó atento mis lamentos.

Aquí te conocí y ahí mismo te quedaste, adios infancia, adios.
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